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domingo, 22 de octubre de 2017

Capitalismo en vías de extinción

El 26 de marzo publiqué un artículo titulado Publifelicidad y Capitalismo en el que comentaba que "la publicidad tiende a vender el pasado al futuro. Esto sí que es una buena definición de capitalismo."

Posteriormente, el 16 de abril escribí otro como homenaje a Eduardo Galeano a los dos años de su muerte, en el que decía: "Para algunos de nosotros, una vez extinguido el comunismo, el capitalismo no es un sueño a realizar, sino una pesadilla realizada en vías de extinción." 


Curiosamente, poco después empecé a leer un libro titulado 'El absurdo mercado de los hombres sin cualidades' publicado por la editorial Pepitas de Calabaza que es una recopilación de artículos de Anselm Jappe, Robert Kurz i Claus Peter Ortlieb.


Como las reflexiones en mi blog tienden a ser breves, hoy os voy a comentar simplemente la introducción, el capítulo que da nombre al libro y el capítulo 'Las sutilezas metafísicas de la mercancía' de Anselm Jappe (1962), filósofo alemán que enseña filosofía en Italia. Es teórico de la «nueva crítica del valor» y especialista del pensamiento de Guy Debord.


Jappe afirma que "el capitalismo no está viviendo una fase de expansión triunfal ni constituye, en forma de democracia y economía de mercado, un estadio final e insuperable de la humanidad." A diferencia de lo que nos quieren hacer creer algunos de nuestros políticos más conservadores. 


El hecho de vivir en una sociedad cada vez más tecnológica en donde todo aquello tangible (papel, dinero, comunicación,...) está cambiando a algo intangible (e-books, bitcoins, e-mails, chats, ...) ha hecho que el afán por la acumulación de capital busque otras alternativas como la de crear el "capital ficticio" que los mercados financieros están potenciando para tapar las debilidades del capitalismo tradicional y postponer una crisis económica real.


Ante el posible desgaste de la capacidad de 'compra', el sistema tiene que crear 'necesidades' y reducir sus costes 'para mantener el estado de bienestar', según los políticos. Un ejemplo de lo primero lo vemos en el aumento de guerras cuyas consecuencias directas son beneficios para las multinacionales armamentísticas, farmacéuticas, de telecomunicación, de construcción de carreteras, ... olvidando, por supuesto, el precio en vidas humanas: daños colaterales.  


Los costes se reducen con un empleo cada vez mayor de las tecnologías que no va acompañado de una imposición de tasas por cada empleado al que substituyan y que redunde en un aumento de ingresos para el erario público y sí en gastos al aumentar el número de desempleados

La utilidad del producto es directamente proporcional a su capacidad de venderse o de transformarse en algo vendible. El trabajador, como producto del mercado, ya no tiene valor en nuestra sociedad como persona, a no ser que pueda ser vendible o se transforme en algo cuyo rendimiento sea infinitamente superior a lo que nos cuesta. La persona ya no es el centro de esta sociedad capitalista. El centro es aquello vendible aunque no sea útil, con tal que lo parezca ya es suficiente.Todo lo importante está en la nube, se transmite de forma inalámbrica, nos vemos por teleconferencias y nuestro espejo son los selfies. Nuestra vida depende de lo que digan y muestren las pantallas. Una permanente simulación. ¡Vivimos en una nube intangible sin habernos fumado un porro!


La lucha de clases sigue viva pero disfrazada, intangible. Nuestra sociedad, con los mismos planteamientos no tiene futuro, esta sociedad de consumo y de mercancías no va a seguir creciendo ni puede integrar a las personas que se quedan al margen. Es, tal y como dice Jappe, una desesperada huida hacia delante de una economía en desbandada.


Los partidos políticos actuales, responsables de la situación actual y que se muestran incompetentes para encontrar una solución no pueden seguir dando vueltas a lo mismo. Intentan cambiar el presente sin cambiar nada de fondo. La estructura está agotada, podrida. Se nos engaña haciéndonos creer que vivimos en una adolescencia permanente, una especie de síndrome de Peter Pan, que ha degradado al ser humano y ha conseguido una regresión importante en el desarrollo humano e intelectual de la sociedad. Los remedios propuestos van desde el miedo infantilista a cambiarlo todo de raíz de las propuestas de izquierda hasta las propuestas más crueles y reaccionarias de los partidos conservadores. Entre medio siempre aparecen los populismos de ultraizquierda y de ultraderecha que son los que nos pueden llevar a la perdición si no ponemos remedio. Todos tienen algo en común aunque se nieguen a aceptarlo: se olvidan de las personas.


Las personas, las ignoradas por el sistema, las que no sirven ni siquiera para ser explotadas se ven escupidas, arrinconadas, despreciadas, desarraigadas, ninguneadas cada vez más pronto. Sin futuro ni esperanza. La semilla de la desesperación, del resentimiento y del odio al otro, no exclusivamente al diferente, como nos quieren hacer ver.


Ya hemos alcanzado otro nivel, el odio al otro incluyéndose a sí mismos. Y si no fuera así, ¿cómo se pueden justificar esos asesinatos en masa en universidades, supermercados, centros comerciales o escuelas que acaban en suicidio?


Quiero acabar esta reflexión con una recomendación, la lectura del thriller escrito por Pierre Lemaitre titulado 'Recursos inhumanos' y con las palabras de Jappe "detrás de las crisis financieras que vienen repitiéndose desde hace veinte años, se perfila la crisis de todas esas categorías (la mercancía y el trabajo, el dinero y la regulación estatal, la competición y el mercado), las cuales -cosa que nunca se recuerda lo bastante- no forman parte de la existencia humana desde siempre ni en todas partes. Se han apoderado de la vida humana a lo largo de los últimos siglos y podrán evolucionar hacia algo diferente: algo mejor, o todavía peor."

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